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REVISTA – CINESOFIA – DESDE LA MIRADA

ANO 1 , NUMERO 1, VERÃO DE 1994

ed. Florianópolis.

p. 7 - 11

 

Luis Alberto Warat

 

 

El Cine y el Horror del Olvido

 

 

            París y el mundo nunca fueron una fiesta. Siempre hubo necios que conspiraron contra la vida. Cada generación fué preparando a la siguiente para la destrucción del otro y el desconocimiento de si mismo. El exceso de verdad nos forzó a desaprender nuestros sentimientos. Los deseos que no llegaron a tiempo ensuciaron el presente con sueños que dejaron nuestro deseo prisionero del pasado. No es vital tratar de entender

el mundo recurriendo a las cicatrices . El soporte creador se encuentra escapando de las heridas. Todos mas o menos nos hemos perdido tratando de no olvidar, reprimiendo los sentimientos que llaman al deseo para lo nuevo. El pasado actuante en el presente paraliza. El pasado no tiene salvación, el tiempo es su juicio final. Al pasado solo podemos repararlo. Pero solo lo reparamos tratando de no revivirlo como presente.

            La reparación del pasado nunca es completa; eso seria arreglarlo, lo que es un imposible. El pasado se repara convocando a la memoria como sentido que permite transformar el mundo, entendiendo poéticamente el presente y descifrando ei enigma de lo nuevo. Eso es lo que transforma la historia en devenir, descubriendo las posibilidades de su despliegue .

            La angustia en el retorno de lo reprimido se actualiza como cultivo del pasado. Instala el horror que puede significar no olvidar lo que fue vivido. El horror de revivir el pasado como empobrecimiento del presente. No dudo de que la falta de olvido infiltra el presente con lo reprimido. Pienso que el deseo de no olvidar (la angustia del olvido) pasa por una incapacidad (o un temor) para mirar creativamente el pasado. Raramente el hombre se da cuenta de como la falta de olvido carga de muerte a nuestra memoria, hace siniestro el revival de lo ya pasado .

            El pasado es siempre una cosa a superar. El recuerdo tiene que tener el valor de ser el sentido superador del pasado. Si escuchamos el pasado como queja construiremos la memoria como horror, sin fuerza para la reconquista dei deseo erótico. No es bueno hacer del pasado un archivo de hechos intrasponibles. La tentación de mantener el pasado como leyenda es la peor forma del olvido: el delírio de un pasado que permanece sin sentido, solo como angustia, como sintoma de lo reprimido. No olvidar es uma forma de amor reprimido, uma forma de no liberar el deseo para la vida. El recuerdo tiene que ser uma nostalgia que no tenga más nuestro deseo pegado a la muerte. Matar "saudades" es siempre una forma de apostar en el futuro.

            Recordar no es lo mismo que no olvidar. El  recuerdo se inscribe en el devenir, permitiendo la recomposición retroactiva de deseos y acontecimientos, en el  medio de los conflictos actuales. Una forma de tratar de aprender con lo que se decide conservar o enterrar. Relampago de una ruptura que llama a otra forma de vivir. Una tentativa de liberar amor reprimido. Se recuerda para liberar amor. Tratamos de no olvidar para dejar al deseo atrapado por la muerte.

            Cuando intentamos la experiencia dei amor nos cargamos de estereotipos capturadores. Rodeamos al amor con sueños inmovilizadores. Fantasias que muestran nuestro miedo de aceptarnos como temporalidad, el miedo de renunciar a la omnipotencia del discurso materno. El deseo que quedó prisionero de la madre. El horror de olvidarla. Es en la secuencia de desplazamientos del terror de olvidar a las figuras parentales que se inscribe el horror del olvido de los cuerpos sustitutivos.

            Cuando un amor es perdido queda reprimido, hasta que se lo recuerda sin el deseo. El amor reprimido puede ser pensado como la forma de estar de un deseo capturado por la muerte, de un deseo atrapado por la perdida dei objeto. Lo siniestro de la falta de olvido dando las cartas.

            El individuo tiende a recuperasse de las perdidas afectivas; trata de liberar el amor atrapado por una perdida. Una interminable lista de indicadores permiten decir que en el camino existen muchas tormentas. La auto recuperación está más de lado del ideal que del lado de la experiencia. El duelo es casi un proceso de recuperación compartida. Hay un lugar de la recuperación que tiene que ser ocupado en terapia, o por un nuevo amor. Dos formas de tratar que el deseo ligado al recuerdo ingrese en la actualidad Del juego erótico. En los dos lugares la Gradiva, que nos ayuda a establecer los limites del amor y la sexualidad.

            Lo siniestro de la falta de olvido nos instala en la melancolia, que es siempre el recurso que sostiene el deseo en la perdida del objeto. El yo y el objeto perdido imaginariamente unidos para precipitar al deseo en la muerte. La sombra del objeto perdido que cae sobre el yo (Freud) para arrojarlo al mismo destino. La herida condenada a no cicatrizar. La fantasia de que el objeto perdido seguirá amando si se le otorgan pruebas de una equivalente frustración del deseo. Como el hijo que busca el amor del padre repitiendo sus frustraciones.

            El horror del olvido es un síntoma que le impide al individuo actuar sobre la realidad penosa. Es la estructura misma del proceso destructor. La desinvestidura del mundo. La culpa por lo que se perdio y la culpa por lo que se puede olvidar.

            Freud mostró que el sujeto no puede desinvestir el mundo sin pagar el precio de una catástrofe en los sentimientos. Ellos precisan ser trabajados, despertados para recuperarlos en la continuidad de la vida. Haciendo del olvido un recuerdo.

            El olvido se hace recuerdo cuando separamos la nostalgia del otro de nuestra capacidad de desear. Enseguida vemos que se trata, también de una nostalgia separada de la culpa. Es el tipo de nostalgia que organiza el sentido de la palabra "saudades" en la lengua portuguesa.

 

III

            Existen diferencias de peso cuando se tiene que enfocar el valor social de lo recordado, lo olvidado y lo revivido. Desde este punto de vista importa centrar el análisis en el efecto del recuerdo y el olvido como modeladores del orden social. Es decir, del manejo de la historización como efecto totalitario o democrático. Los

procesos de olvidar o recordar como ideologia.

            La historia descansa en el recuerdo y el olvido para dar un sentido compartido a los acontecimientos ya compartidos. Es una forma de afectar la conducta de la gente, antes que esta pueda adquirir una interpretación cognitiva. Un ocultamiento o una revelación de los horrores y las ilusiones de la historia. Podríamos decir: la selección de la memoria como la forma que tiene la sociedad para tratar el conflicto, construir o reconstruir su sentido. El olvido y el recuerdo como procesos mediante los cuales las relaciones de poder se reproducen o se alteran.

            El olvido colectivo se puede usar como una forma de silenciar los sentidos de la historia. Una forma de no registrar colectivamente lo que pasó. Olvidar para desligar al hombre del lazo social. Una forma de negar las singularidades (individuales y colectivas) que definen las condiciones de existencia. Olvidar para reprimir lo siniestro de los acontecimientos.

 

 

            La historia esta plagada de acontecimientos siniestros, que provocan el horror de olvidar sus consecuencias monstruosas. El espanto delante el peligro de una repetición aniquiladora. El temor por un olvido que pueda jugar como un inconciente represor: la dominación que está mas allá de la representación. Lo que no para de no inscribirse para asegurar los lugares del control social.

            Para la condición social del olvido no tenemos que hablar tanto del retorno de lo reprimido. Antes tenemos que poner el acento en el retorno de lo represor, en el retorno de lo siniestro. Es el olvido como desconocimiento de las tendencias destructivas de lo social: e1 inconciente político. Lo que tiene que ser olvidado para la adaptación al ejercicio institucional del terror. El olvido para la muerte del pensamiento. Esa producción institucional de una subjetividad ,que no pueda pensar su pasado, su presente y las señales de su futuro. El olvido como renuncia al proceso identificatorio. El olvido como "síntoma de un pensamiento capturado por la muerte".

            Las condiciones totalitarias de la gobernabilidad hacen del olvido su instrumento de gestión de la miseria, determinando la perdida del sentido de lo político.

 

            En la producción institucional de la memoria existe siempre una zona inconciente, lo que se olvida para asegurar el ejercicio del poder -produciendo el desconocimiento de la sociedad sobre su propio funcionamiento. Y ese reprimido es imediatamente político: es pensado como político represor.

            Esta situación es agravada por la condicion trasmoderna. En ella los horrores de la historia son convertidos en productos publicitarios. Se hace el marketing del horror (que siempre vende más que la vida). Los acontecimientos que nos marcan de horror, más que olvidados, borrados en su reconstrucción como espectáculo. Un objeto nunca más identificado. La sustitución de lo reprimido por lo desestimado. La energia afectiva condenada a un eterno deambular por un desierto sin objetos.

            CUANDO HAY UNA META ! LIBERTÁRIA IA MIRADA MACIA EL PASADO APUESTA A UN  FUTURO QUE NO SEA SOLO REPETICIÓN DE LO MONSTRUOSO, EN ESAS CIRCUNSTANCIAS SURGE EL RECUERDO COMO DEMANDA POLITICA; LA FUERZA DE UNA ERÓTICA SOCIAL QUE LLAME A OTRA FORMA DE VIVIR, EL 'ENTRE-NOS" DE UNA TENTATIVA DE LIBERAR AMOR REPRIMIDO, LA RESURRECCIÓN DE UN DESEO ERÓTICO COLECTIVO

            Las experiencias monstruosas de la historia, sus genocidios, nos provocan el miedo del olvido de sus consecuencias. Son experiencias vividas como limite del sufrimiento, que colocan al psiquismo colectivo frente a tres opciones: reprimirlas, exhibirlas como heridas siempre abiertas, reconstruirlas por el recuerdo.

            La militancia (movimientos por los derechos humanos, por la paz, etc) generalmente opta por la exhibición de lar heridas, luchan para que estas nunca se cierren. Mantienen la memoria de lo siniestro como queja, tratan de provocar un sentimiento de culpa colectiva. Quieren la solidariedad en el dolor. No apuestan en el recuerdo. Dejan, de esta forma, su deseo prisinero del horror. Repiten la muerte como memoria, con ello no consiguen, así, inventar la vida.

            La reconstrucción del pasado por el recuerdo es siempre un lugar de encuento del deseo y la historia. El recuerdo anticipa lo nuevo que vendra como deseo de autonomía, pone en juego el sentido de lo nuevo, refiriendolo a lo que precisa perderse del pasado. La "sociedad desconocida", que primero tiene que ser anticipada como sentido por el recuerdo.

            El recuerdo nunca puede estar desvinculado de las condiciones que nos habilitar para tratar de ser felices. Una memoria que marca un cambio en el orden simbólico, permitiendo establecer comparaciones con los componentes siniestros que nos maltrataron (que ahogaron las condiciones de existencia, que hacen a la solidariedad, la autonomía, la ética y la estética de nostras relaciones). El recuerdo que permite a la ciudadanía ocupar el lugar del poder: la sociedad apreendiendose a si misma por el recuerdo. La marca de un sentido en el lugar de una queja.

IV

            El cine, en cuanto arte, en innumerables oportunidades trató el tema del horror del olvido. Se ocupó del recuerdo y el olvido en el amor de pareja y en los arrebatos siniestros de la historia. "Hiroshima, mon amour" es un buen ejemplo de una película que se ocupó simultaneamente de estas dos cuestiones. La película muestra a dos amantes que se debaten frente a1 horror del olvido, de sus propios amores y del genocidio de una bomba.

            La protagonista de "Hiroshima" muestra como su desesperación por no olvidar, a un amante muerto en otra guerra, la imposibilita para abrirse al nuevo amor. La muerte del otro llevó su deseo. Conservó su memoria, convirtiendola en una fantasía petrea. Cultivó su parado, permitiendo que la angustia de olvidar se manifieste en ese cultivo.

            El personaje masculino, por otra razon, tambien tenia preso su deseo a un pasado que no conseguia superar. El estava prisionero a los efetos siniestros de un genocidio. Su familia habia muerto en Hiroshima. Y el no conseguia saber nada sobre esa historia. Los dos estaban delante del desafio de superar la muerte, tenian miedo de olvidar.

            EL HORROR DEL OLVIDOS LEJOS DE LO QUE LOS AMANTES DE “HIROSHIMA” PENSABAM. PASA POR UNA INCAPACIDAD (O UN TEMOR) PARA MIRAR CREATIVAMNTE EL PASADO. DEJANDO QUE LA MEMORIA SE CARGUE DE REPRESIÓN. LA MUERTE QUE TOMA NUESTRO DESEO HACE SINIESTRO EL OLVIDO.

            Con todo, no se puede decir que el protagonista masculino fracasó en su intento de traerla para el presente. Existió la imposibilidad de poder continuar juntos, pero ella pudo poner en palabras su historia. Un comienzo de liberación del afecto que él facilitó, funcionando en el lugar de la Gradiva. Facilitó sin retenerla. Al ver nuevamente la película me surgió un interrogante que no consegui cerrar: El no consiguió retenerla porque su deseo cautivo de los horrores de una guerra no le dieron fuerzas suficientes? Ambos, creo probable, quedaron al margen de la historia del otro. Mientras compartieron las intensidades del amor desconocieron el nombre del otro. La película termina dandose el nombre de las ciudades donde su deseo quedó prisionero: Nevers y Hiroshima.

            La película de Sauna: "El amor brujo", muestra una resolución diferente para una similar historia del olvido amoroso. Hay una gitana que, como la protagonista de "Hiroshima", tiene preso su deseo a la imagen de un muerto.

            La diferencia: el gitano que ahora la ama consigne desenterrar su deseo. La llama para una danza de amor brujo, que la trae para la vida. Vence al muerto, haciendole aceptar lo irremediable. La impulsa a que recuerde. Una danza de transferencia que le permite a la gitana traer su deseo para la vida. Un gitáno que, actuando como un analista, soporta lo que la gitana inviste sobre él; le establece el recuerdo permitiendo que el deseo a él ligado ingrese a la acualidad del juego erótico. El olvido como represión pudo ser transformado en recuerdo. El olvido hecho recuerdo por una memoria sin deseo.

            "Un hombre, una mujer, una noche" es otra película sobre el amor como cura de los efectos sinistros de un afecto reprimido por la muerte. Es la historia de una pareja traumatizada por la muerte, ambos imposibilitados de volver a enfrentarse con sus deseos. Se encuentran tratando de establecer una sociedade de auxilios mutuos. Ambos quieren que el otro soporte la melancolía que se le quiere investir. Ninguno de los dos está dispuesto a renunciar a sus ruinas. Ellos no se sienten disponibles para traer al deseo del olvido. Portan el honor de haver olvidado su deseo. En el fondo, tienen miedo de su propio deseo y confunden ese temor con la culpa de olvidarse del que en el pasado amaron. No quieren experimentar la repetición de un sufrimiento y lo sustituyen por la idealización de lo perdido. Reprimem sus vidas amorosas para no repetir el dolor de perder. Obsesivamente tratan de llenar el espacio vacio de sus perdidas levantando una fantasía de bronce del "otro perdido".

            Finalmente la mujer consigue hacer surgir sus sentimientos, comienza a sentirse disponible para descubrirlos reingresando a la vida. El deseo de él, mientras tanto, continua vencido. Elige la fantasía de esperar por el retorno de la mujer. Llena sus perdidas con la fantasía de la espera.

            En todas estas películas se trata de mostrar, poeticamente, que en el despertar de los sentimientos se encuentra lo esencial de toda trasformación de sujeto. El individuo se transforma liberando sentimientos reprimidos, construyendo recuerdos. El crecimiento de un sujeto es directamente proporcional a su capacidad de recordar. Me entiendo por mis recuerdos, transformando lo reprimido y las culpas en recordaciones. Reconstituyendo la a continuidad histórica del propio sentir erótico.

            Las películas nos enseñan que la mayor dificultad para transformarse es aceptar el pasado como falta. Reconocer y otorgarle el justo valor a lo que en el querer del pasado era bello y estimable. Es esto lo que constituye el pasado como recuerdo: una memoria poética, el placer reorganizando el pasado.

            PIENSO QUE EL RECUERDO SE CONSTITUYE EN LA EMERGENCIA DE LO FEMENINO. EN LA MIRADA FEMEN1NA SOBRE EL PASADO, AQUI LO FEMENINO SERIA LA POSIBILIDAD DE ESTABLECER EL PASADO COMO UNA NOVEDAD DEL PRESENTE. ES LA GRADIVA COMO PERSONAJE CONCEPTUAL DE LO FEMENINO.

            Freud habló de la Gradiva (tomó la idea de un cuento de Jensen) para alertar sobre la importancia de no subestimar el valor curativo del amor en el delirio. Con ella trató de mostrar el valor en la psicoterapia del deseo nuevamente despertado. La Gradiva como metáfora de la transferencia, entendida como lugar de encuentro dei afecto y la historia. La Gradiva como punto de fuga del amor reprimido. La que ama exigiendo del otro que no tenga nostalgias de lo imposible. Una tentación erótica.

            Una reciente película argentina, "El muro del silencio", plantea polémicas cuestiones sobre el olvido de su más reciente terrorismo de Estado: el derecho de obligar y el deber de recordar.

            La trama es así: una mujer "viuda" de un desaparecido reinvindica la necesidad de recomponer su vida amorosa. Quiere recordar haciendo resurgir su deseo erótico junto a otro hombre. Ella es el reverso de la protagonista de "Hiroshima". Aquí el conflicto dramático pasa por la figura de un militante que tiene horror de la

posibilidad de una herida cerrada. Tiene necesidad de una práctica política melodramática que, en el fondo, no profundiza, la fuerza transformadora del recuerdo. Tiene la obsesión de la repetición traumática. Probablemente una forma de compensar, con la queja, la liquidación de la memoria que se plantea una sociedad como la Argentina actual.

            La Argentina del "pos-peronismo" comienza a ser una sociedad. sin historia. Es una sociedad en falta con su memoria, sin compromiso con la política. Una sociedad gobernada por deliberados olvidadores, que colocaron varios puntos finales a la posibilidad de recordar. Indultos, oportunismos y farandula hicieron del compromiso con el recuerdo una etiqueta descalificadora. La sociedad que da para todo, menos para el recuerdo de sus genocidas simplemente evaporados.

 

            Por eso entiendo a los viejos militantes: unicamente les resta, como si fueran una ametralladora a repetición, gritar un nunca más. Usar el pasado para condenarlo. Poco para lo que se necesita. Como en Sarajevo tenemos que, a pesar de todo, seguir adelante. Eros es el que puede vencer a Tanatos.

            Es obvio que existe absoluta dignidad en el horror de olvidar los momentos siniestros de la historia. Digno pero no suficiente para evitar el retorno de lo siniestro. El olvido como muro de silencio debe ser obsesivamente condenado, pero no tratando de reemplazarlo con el eterno retorno del desgarro traumatico. Hasta transformarlo en patético fetiche. Se trata, más bien, de afrontar los nuevos vendavales de lo siniestro, sin el extravío que significa reinvindicar el lugar de la victima. Apostar en el recuerdo como las grietas del muro: la herida que cicatriza con las pulsiones de vida, la memoria sin muro

V

            Las cuatro películas comentadas muestran el valor negativo de una memoria sin esperanza, la importancia de tener las fuerzas suficientes como para poder apostar en el futuro del amor. Cuatro historias que muestran como el sentido del pasado precisa encontrarse en los afectos del presente. Si ellos son vitales el pasado reencuentra su sentido. El "amor de las autonomías", que niega el valor de la memoria como inventario de las ausencias. La memoria "condenada" a investir en la propia identidad. La apuesta en el vínculo amoroso como sentido y memoria.